Métodos prácticos y sugerencias para mejorar la eficiencia de los sistemas de riego por aspersión
Mejorar la eficiencia de un sistema de riego por aspersión depende de lograr resultados iguales o incluso mejores con un menor consumo de agua y energía. Esto no se basa en un solo dispositivo de alta tecnología, sino en la optimización integral del diseño del sistema, la gestión de equipos y las operaciones de campo. El enfoque para mejorar la eficiencia se puede resumir en: satisfacer con precisión las necesidades, reducir las pérdidas en el proceso y lograr un uso inteligente del agua.
Primero, optimice desde la fuente, asegurando una compatibilidad precisa entre la bomba y el sistema. Las bombas tienen un rango máximo de funcionamiento. Si la altura y el caudal de la bomba superan con creces los requisitos reales del sistema, se trata de una bomba con sobrepotencia para una carga pequeña, desviándose del rango eficiente y desperdiciando energía. Un método práctico consiste en intentar reducir ligeramente la válvula de salida de la bomba (en lugar de la válvula de entrada), asegurando al mismo tiempo la presión más baja posible para que el aspersor más alejado funcione con normalidad. Esto reduce directamente los desbordamientos innecesarios y el consumo de energía. Al mismo tiempo, al planificar o modificar el sistema, elija aspersores que se adapten mejor a la forma y superficie de su campo. Por ejemplo, usar aspersores con un alcance de pulverización cuadrado para cubrir parcelas cuadradas puede reducir el desperdicio de agua fuera de los límites.
En segundo lugar, minimice las pérdidas de agua durante el transporte y el uso. Las tuberías son como los vasos sanguíneos de un sistema y su estado afecta directamente a la eficiencia. Inspeccionar y reparar regularmente cualquier fuga en tuberías y juntas, incluso las más pequeñas, puede provocar pérdidas significativas de agua con el tiempo. Las tuberías viejas que se han utilizado durante muchos años presentan incrustaciones u óxido en sus paredes internas, lo que genera una alta resistencia al flujo y consume presión adicional; considere reemplazarlas por tuberías nuevas con paredes internas lisas. Al instalar las tuberías, procure utilizar líneas rectas y minimice las curvas y válvulas innecesarias. Además, mantener limpio el filtro de entrada para evitar que los residuos obstruyan los aspersores es fundamental para su correcto funcionamiento.
Por último, el ahorro de agua y energía se puede lograr mediante estrategias de gestión inteligente y un funcionamiento meticuloso. Uno de los métodos más eficaces es el riego por zonas: dividir el campo en varias zonas independientes y regar solo una a la vez. De esta manera, solo se necesita una bomba más pequeña para operar con la máxima eficiencia, evitando así la ineficiencia o la sobrecarga a largo plazo para suministrar agua simultáneamente a todas las zonas. Si las condiciones lo permiten, la instalación de un variador de frecuencia (VFD) en la bomba permite ajustar automáticamente su velocidad según las necesidades de presión y caudal del sistema en tiempo real, logrando así un suministro de agua a demanda, una de las tecnologías de ahorro energético más importantes. Además, programar el riego a primera hora de la mañana o al final de la tarde, cuando la velocidad del viento es baja y la evaporación mínima, permite una mayor infiltración de agua en el suelo. Ajustar los planes de riego de forma flexible, mediante el seguimiento de la humedad del suelo y las previsiones meteorológicas, evita riegos innecesarios antes o después de las lluvias. Estos detalles de gestión pueden mejorar significativamente la eficiencia general y los beneficios económicos de todo el sistema.
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